miércoles, 25 de noviembre de 2009

Feminismo a la española (I)

Tras este larguísimo paréntesis, retomo la solitaria tarea de escribir en mi blog. Durante los últimos dos meses me han ocurrido muchas cosas, entre otras, mi (esperado) despido. Una mujer “progresista”, “moderna” y “tolerante” (que alardea de haber sido vecina de nuestro querido ZP), me ha puesto de patitas en la calle con la mayor arbitrariedad y despotismo imaginables. Ya soy un parado más y la fecha de mi exilio se aproxima, pero también tendré más tiempo para dedicárselo a mi blog. Prometí no escribir pegado a la realidad, pero llevo tres días encerrado en casa con gripe y viendo la televisión (algo que no haría en circunstancias normales), y no sé si achacárselo a la fiebre, pero me ha vuelto a hervir la sangre y se ha apoderado de mi un deseo incontenible de denunciar la bazofia ideológica con la que nos bombardean de modo inmisericorde los próceres del socialismo y los medios de comunicación que controlan. Hoy es el día internacional de la erradicación de la violencia contra las mujeres, la que aquí se ha dado en llamar “violencia de género”. Con motivo de tan señalada fecha, el señor Iñaki Gabilondo, heraldo de la progresía por antonomasia desde los remotos tiempos del protofelipismo, ha soltado tal sarta de sandeces sobre el tema de la violencia de género en su telediario opinativo de Cuatro, que han confluido en mí, por breves instantes, sentimientos encontrados de vergüenza ajena, cabreo y melancolía ante la imposibilidad de cuestionar el discurso del pensamiento progresista dominante. Tomo este concepto de Amando de Miguel, por su precisión y por economizar. En adelante me referiré a él por sus siglas: PPD. Según el señor Gabilondo (resumiendo su disertación), los hombres que nunca hemos maltratado a ninguna mujer no nos damos por aludidos cuando oímos hablar de la violencia de género, pero ello, dice el insigne periodista “es un error de enfoque, porque todos somos maltratadores en potencia, ya que milenios de machismo, cultura patriarcal y dominación de la mujer nos ha hecho interiorizar la violencia hacia las mujeres hasta el punto de quedar grabada en nuestra masa encefálica” (textual). De este modo, este gran comunicador, expone, con claridad meridiana, uno de los pilares de la inane ideología zapaterista: el feminismo andrófobo. Según esta visión del mundo y de las relaciones entre los sexos, el hombre es violento por naturaleza, es una bestia cruel y sanguinaria que ha dominado a las mujeres durante milenios (con singular ensañamiento en este país, por el amparo prestado a tan ignominioso estado de cosas por parte del franquismo y el aznarismo). Esta lamentable situación se ha mantenido hasta la llegada del mesías redentor, el espartaco de las féminas, el adalid de la igualdad de género: el señor Rodríguez, que ha venido a impartir justicia y a liberar a las mujeres de su pesado yugo.
Para lograr tan noble propósito, no se han escatimado esfuerzos: se ha recuperado el Derecho Penal de autor. Para los no versados en la materia, el Derecho Penal de autor es el que establece una presunción de culpabilidad en contra de un determinado colectivo por el mero hecho de pertenecer a él. El Derecho Penal de autor es característico de los regímenes totalitarios y predemocráticos. En el Estado-Policía del siglo XIX, existían leyes como la española “Ley de Vagos y Maleantes” que permitía la detención de las personas sin ocupación conocida, los homosexuales y los drogadictos sin que fuese necesario demostrar la comisión de ningún hecho delictivo. En España, el Derecho Penal de autor desapareció con la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social promulgada por el franquismo en 1970…Pare ser rescatado por el PSOE con la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de dicembre. Como en el caso de la Ley de Vagos y Maleantes, la ley de Medidas de Protección General Contra la Violencia de Genero, establece la presunción de culpabilidad de un colectivo: los hombres. En caso de denuncia por malos tratos, la carga de la prueba (de la inexistencia de dichos malos tratos) corresponde a su presunto perpetrador, es decir, el hombre. La ley no prevee la posibilidad de que el hombre pueda ser víctima de malos tratos (para la ideología que la inspira, esto es inconcebible). De hecho, tampoco contempla la posibilidad de que en el contexto de una relación de pareja un hombre pueda ser objeto de malos tratos por parte de otro hombre (caso que ya se ha dado en alguna pareja homosexual que ha solicitado, sin éxtito, el amparo de este engendro). No contento con este disparate legislativo (que está generando y generará enormes injusticias), va el iluminado y crea un Ministerio de Igualdad, cuyo cometido, se supone, es imponer la igualdad de hombres y mujeres contra viento y marea, y contra las leyes de la biología y de la física si fuere menester, y pone al frente del mismo a una analfabeta funcional con gran experiencia en pegar carteles, todo sea por conseguir el objetivo histórico de la liberación de la mujer española de una vez por todas.
Para que el electorado del PSOE y buena parte de la derecha acepten estos dislates de modo acrítico e incluso aplaudan las iniciativas, ha sido preciso inocular en la opinión pública un virus informativo que intentaré formular con precisión:
“España es un país con niveles alarmantes de violencia machista y malos tratos a las mujeres, niveles que no tienen parangón en ningún otro país de su entorno (Europa). Ello es producto y consecuencia de una cultura machista, católica y retrógrada, que ha perdurado hasta nuestros días a causa del franquismo y sus residuos. Por consiguiente, es preciso erradicar esta lacra tomando medidas drásticas y urgentes”.
Pero resulta que esta proposición es FALSA de toda falsedad. El número de casos de malos tratos y agresiones hacia las mujeres en España es comparable al de cualquiera de los países de su entorno, e incluso inferior a la media. Desde luego el número “deseable” para cualquier país es 0, pero en tanto no se alcance esa cifra ideal, sería mejor imponer un poco de racionalidad en esta cuestión, cosa que al PSOE no le interesa en absoluto.
La jugada maestra de la progresía española ha consistido en colocar el fenómeno (real) de la violecia machista en el primer plano de la información para crear un clima de alarma social que justifique medidas excepcionales. Lo que en otros países pertenece al capítulo genérico de “sucesos”, tiene en España su propia sección en cada telediario: “hoy los casos de violencia machista han sido los siguientes, de norte a sur…etc.”.
Lo que en los países de nuestro entorno se combate con el Derecho Penal ordinario, y con medidas policiales y judiciales efectivas (puesto que en una sociedad democrática la violencia que se ejerce hacia otro ser humano es siempre delictiva, con independencia del sexo del autor y la víctima), aquí se combate con una ley que culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo.
Era preciso crear ese clima de opinión para que el señor Rodríguez pudiese colgarse su medallita de feminista redentor y presentar su opción política como la única que verdaderamente comprometida con la igualdad de género, y por tanto la única opción que cualquier mujer en su sano juicio debería apoyar si no desea perpetuar la injusticia a la que la ha sometido el patriarcado que supuestamente defiende la derecha.
Resumiendo, la táctica habitual en Zapatero: un uso hábil de los medios de comunicación para amplificar un problema real pero minoritario y crear una necesidad inexistente que justifique medidas excepcionales y permita captar el voto de un determinado sector del electorado (en este caso el femenino). A continuación, se presenta todo ello como un “logro del progresismo”.
El problema es que todo esto tiene un coste, un coste que hay que socializar. El PSOE actual parece entender el socialismo como “socialización” de los costes de sus errores y dislates. Al igual que ha socializado las pérdidas de la banca por las decisiones irresponsables de ésta haciendo que el contribuyente corra con los gastos, los hombres tenemos que asumir los costes de esa irresponsable política de promoción de la androfobia, pagamos incluso los que nunca hemos ejercido ningún tipo de violencia contra las mujeres. Es justo que así sea, porque como dice Iñaki, tenemos la violencia grabada en nuestra masa encefálica, es nuestro pecado original, el pecado de Adán.