Después de una dura jornada de trabajo en un empleo mal retribuido para mi nivel de formación y experiencia, y con escasas (por no decir nulas) posibilidades de movilidad laboral en dirección ascendente (situación en la que se encuentra el 90% de los asalariados españoles que trabajan para el sector privado) me doy un paseo por los canales de la insufrible televisión de esta prisión de naciones (eso que ahora llaman zapping) y me encuentro con la ración diaria de papilla progresista que se suministra a cucharaditas y con mucho amor a este desgraciado pueblo desde hace 30 años más o menos, con escasas variaciones (incluso durante el “aznarato”). Veo a Evo Morales balbuceando pueriles proclamas indigenistas en la facultad de Ciencias Económicas de la Complutense y vitoreado por progresistas y bienpensantes estudiantes universitarios, que a buen seguro son asiduos lectores de El País y fans de “el gran Wyoming”, de esos que son incapaces de hacer un examen sin cometer como mínimo 10 faltas de ortografía. Veo a la presentadora del telediario de la 1 hablando del aniversario de la caída de Lehman Brothers como ejemplo de la perfidia del neoliberalismo y el capitalismo salvaje de los Estados Unidos, etc. Es decir, el pan nuestro de cada día. Sin embargo, no quiero que este blog esté demasiado “pegado” a la actualidad. Por lo que he podido comprobar, otros blogueros cumplen con este cometido extraordinariamente bien y no pretendo ocupar su espacio. Me interesa más analizar y comprender como hemos llegado hasta aquí; cómo es posible que la octava economía del planeta esté gobernada por un analfabeto económico confeso que coloca a señoritas con estudios secundarios al frente de ministerios de utilidad desconocida y que este personaje mantenga unas cotas de popularidad envidiables para cualquier político europeo cuando la tasa de desempleo está a punto de alcanzar la barrera histórica del 20%. Ciertamente es un caso digno de estudio y las respuestas no son fáciles. Si tienen paciencia, intentaré explicarles cómo creo yo que hemos llegado hasta aquí.
Empecemos por ponernos de acuerdo en la nomenclatura: grábense esta palabra en sus mentes: GILIPROGRESÍA. Podría haber buscado cualquier otro vocablo, pero creo que designa bien, de una manera castiza y popular si se quiere, al sistema de pensamiento dominante en esta malograda piel de toro. ¿Qué es la giliprogresía? Primero definamos lo que no es: no es, ni tiene nada que ver con la izquierda clásica, la de Marx y Engels, la de Lenin y Trotsky. No es, desde luego, comunismo, ni socialismo, ni marxismo-leninismo, ni estalinismo, ni siquiera es social-democracia. Bien es cierto que la giliprogresía recurre constantemente a la retórica obrerista de la izquierda clásica y que escenifica sin ningún empacho su liturgia (“La Internacional”, puños en alto, pañuelos rojos, etc.), pero lo hace sin ningún convencimiento: se trata de burdos trucos de mercadotecnia para no perder el voto útil de los nostálgicos del estalinismo y de los despistados que no se han enterado de que el marxismo llevado a la praxis política (que no como explicación del mundo) murió en 1990 y está sepultado bajo varias toneladas de hormigón, el que se utilizó para construir el muro de Berlín y que con tanto entusiasmo derribaron los habitantes del paraíso del proletariado.
No, no señores, la giliprogresía no es hija del octubre de 1917, es un vástago del mayo de 1968 (pocos meses después viene al mundo el que escribe estas líneas). Ahí se gestó el pintoresco cóctel de ideas del que se compone. Ideas trasnochadas, desacreditadas, superadas por la realidad y por los conocimientos científicos actuales, y relegadas a la marginalidad en toda Europa occidental, con la honrosa excepción de esta aldea poblada por irreductibles íberos que resiste ahora y siempre al invasor: el sentido común.
El drama de la izquierda europea es que la caída del estalinismo a principios de los años 90 del s. XX la privó de su principal patrocinador y referente espiritual: la Unión Soviética. Como a la vista de los acontecimientos era imposible seguir manteniendo la ficción de la viabilidad de las sociedades del bloque del Este como alternativa al capitalismo occidental, se hizo necesaria una puesta al día de los partidos socialistas y comunistas de las sociedades democráticas, un lavado de cara que pasaba por eliminar del discurso y del programa político los últimos residuos del marxismo, pues éste había quedado en evidencia al constatarse el fracaso de las sociedades en las que se había llevado a la práctica. Por consiguiente, se produjo de la noche a la mañana un vacío, un auténtico agujero negro en el seno de la izquierda, y ese vacío hubo que llenarlo con una serie de elementos que no provenían del socialismo clásico, pues por imperativo de las circunstancias era preciso desvincularse de éste. ¿Cuáles son los ingredientes que han venido a sustituirlo? Los iremos desgranando en sucesivas entregas, pero de momento no está de más enumerarlos:
- El ecologismo fundamentalista.
- El feminismo radical.
- El antiamericanismo
- El antisemitismo (variación del anterior)
- El multiculturalismo
- El anticatolicismo feroz (que no laicismo)
- El revisionismo histórico (revanchismo de guante blanco)
- El indigenismo (variación del multiculturalismo)
- La exaltación e idealización de la homosexualidad en todas sus formas como ejemplo supremo de liberación personal y colectiva.
- El odio a la tradición judeocristiana y occidental.
- El antiespañolismo y su complemento: la connivencia con los separatismos.
- La misandria (el odio a los varones y a la masculinidad).
- El antiliberalismo (para degradarlo, al liberalismo se le suele colocar el prefijo “neo”, una costumbre muy giliprogre que tiene su porqué: neoliberal, neocon, etc., ya hablaremos de ello).
Hay alguno más, pero estos son los más importantes. Obsérvese lo profuso de la palabra “odio” y del prefijo “anti” en esa lista. Su uso no es gratuito en absoluto: se trata de una ideología “reaccionaria” en el sentido estricto de la palabra, pues se define por oposición al contrario. Su principal herramienta dialéctica es el fomento del rencor y el odio, pues abandonados los objetivos de redistribución de la riqueza y justicia social de la socialdemocracia, carece de un proyecto alternativo que oponer al del capitalismo liberal, y por tanto necesita fomentar odios y fobias, y recurrir permanentemente a la demonización del adversario, para legitimarse y mantener la adhesión de su electorado.
lunes, 14 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Presentación
Se inicia aquí la andadura de este blog de incierto porvenir, pues, como reza el título, tarde o temprano terminará con mi exilio (interior o exterior). Sé que lo que voy a escribir es impopular, que va contra corriente, que levantará ampollas, que me granjeará enemigos, pero no tengo mucho que perder y, por otra parte, para lo que me queda en este convento, me cagaré dentro, así que vale la pena asumir esos riesgos. Procuraré, eso sí, expresar mis ideas del modo más ameno y diáfano posible, y espero no caer en ese ejercicio de autocomplacencia y onanismo literario en que se convierten muchos blogs. Afortunadamente ese maravilloso invento que es Internet me brinda la oportunidad de eludir la férrea censura de la corrección política. ¿Por qué empezar ahora a escribir en blogosfera? Por una necesidad imperiosa de defenderme. Es mi derecho y mi obligación rebelarme de una vez por todas contra la mordaza que desde el pensamiento progresista dominante se nos intenta poner en este país (hasta ahora llamado España) a todos los que no comulgamos con sus ruedas de molino. Estoy harto, hastiado, de que se me acuse constantemente, de un modo injusto y gratuito, de ser todo lo que NO soy: machista, racista, xenófobo, autoritario, intolerante, retrógrado, conservador, etc., etc., sólo por ser un varón de más de 40 años que vota (tras un larguísimo proceso vital de reflexión y evolución de las ideas políticas propias) al Partido Popular, a falta de una alternativa mejor, y con escaso entusiasmo, todo hay que decirlo (lo más tremendo del asunto es que en un país que se jacta de ser moderno, democrático y tolerante, la declaración de preferencia por esa opción política es ya, en sí misma, un acto temerario). En realidad soy un personaje muy representativo de mi generación, y miembro de esa mayoría silenciosa de hombres que han decidido vivir la vida con un perfil bajo (perdonen el anglicismo), por temor a los dardos dialécticos que nos arrojan a la primera de cambio los integrantes de “la mayoría de progreso”, las personas de supuesto talante democrático y tolerante que apoyan sin fisuras al Señor Rodríguez Zapatero: franquista, fascista, maltratador, asesino de niños, etc. La realidad es que este apóstol del buenrollismo ha ido creando, desde los atentados del 11 de marzo de 2004, de un modo solapado y sutil, pero tremendamente eficaz, un clima de convivencia irrespirable que no tiene precedentes desde 1978, habría que remontarse a su añorada Segunda República para encontrar un fenómeno parecido. Su jugada maestra (y a esto ha contribuido mucho la derecha con su torpeza habitual) ha sido culpar al contrario de crear este clima de crispación. Evidentemente, esta labor no la ha llevado a cabo el PSOE por sí solo, sino a través de “proxies” (perdón por el anglicismo, una vez más): su poderosísimo acorazado mediático, totalmente hegemónico en el sector audiovisual, los “intelectuales” adictos a su causa, los artistas parasitarios y prebendarios, payasos, titiriteros, y todo el “establishment” (otra vez, lo siento) ideológico que el partido de los 100 años de honradez se empleó a fondo en crear en el período 1982-1996. El objeto de este blog no es convencer a nadie de la bondades del liberalismo, sino ir desmontando uno a uno los tópicos y clichés de los que se vale la pesudoideología zapateril (la palabra socialista le viene muy grande) para mantener a su electorado soliviantado, con las espadas en alto y dispuesto a movilizarse contra el posible regreso de la España negra, simbolizada en una gaviota azul sobre fondo naranja. Como este tema es un poliedro con muchas caras, me dará la oportunidad de exponer mi opinión sobre temas que no son estrictamente políticos, sino más relacionados con los usos, costumbres e ideas dominantes en nuestra sociedad (la sexualidad, la religión, la interpretación del pasado, la visión del futuro, etc.). Tengo pocas esperanzas de que las cosas vayan a cambiar en un futuro inmediato, así que la única salida viable es el exilio, pero no quiero exiliarme sin dejar constancia de mis motivos.
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