domingo, 6 de septiembre de 2009

Presentación

Se inicia aquí la andadura de este blog de incierto porvenir, pues, como reza el título, tarde o temprano terminará con mi exilio (interior o exterior). Sé que lo que voy a escribir es impopular, que va contra corriente, que levantará ampollas, que me granjeará enemigos, pero no tengo mucho que perder y, por otra parte, para lo que me queda en este convento, me cagaré dentro, así que vale la pena asumir esos riesgos. Procuraré, eso sí, expresar mis ideas del modo más ameno y diáfano posible, y espero no caer en ese ejercicio de autocomplacencia y onanismo literario en que se convierten muchos blogs. Afortunadamente ese maravilloso invento que es Internet me brinda la oportunidad de eludir la férrea censura de la corrección política. ¿Por qué empezar ahora a escribir en blogosfera? Por una necesidad imperiosa de defenderme. Es mi derecho y mi obligación rebelarme de una vez por todas contra la mordaza que desde el pensamiento progresista dominante se nos intenta poner en este país (hasta ahora llamado España) a todos los que no comulgamos con sus ruedas de molino. Estoy harto, hastiado, de que se me acuse constantemente, de un modo injusto y gratuito, de ser todo lo que NO soy: machista, racista, xenófobo, autoritario, intolerante, retrógrado, conservador, etc., etc., sólo por ser un varón de más de 40 años que vota (tras un larguísimo proceso vital de reflexión y evolución de las ideas políticas propias) al Partido Popular, a falta de una alternativa mejor, y con escaso entusiasmo, todo hay que decirlo (lo más tremendo del asunto es que en un país que se jacta de ser moderno, democrático y tolerante, la declaración de preferencia por esa opción política es ya, en sí misma, un acto temerario). En realidad soy un personaje muy representativo de mi generación, y miembro de esa mayoría silenciosa de hombres que han decidido vivir la vida con un perfil bajo (perdonen el anglicismo), por temor a los dardos dialécticos que nos arrojan a la primera de cambio los integrantes de “la mayoría de progreso”, las personas de supuesto talante democrático y tolerante que apoyan sin fisuras al Señor Rodríguez Zapatero: franquista, fascista, maltratador, asesino de niños, etc. La realidad es que este apóstol del buenrollismo ha ido creando, desde los atentados del 11 de marzo de 2004, de un modo solapado y sutil, pero tremendamente eficaz, un clima de convivencia irrespirable que no tiene precedentes desde 1978, habría que remontarse a su añorada Segunda República para encontrar un fenómeno parecido. Su jugada maestra (y a esto ha contribuido mucho la derecha con su torpeza habitual) ha sido culpar al contrario de crear este clima de crispación. Evidentemente, esta labor no la ha llevado a cabo el PSOE por sí solo, sino a través de “proxies” (perdón por el anglicismo, una vez más): su poderosísimo acorazado mediático, totalmente hegemónico en el sector audiovisual, los “intelectuales” adictos a su causa, los artistas parasitarios y prebendarios, payasos, titiriteros, y todo el “establishment” (otra vez, lo siento) ideológico que el partido de los 100 años de honradez se empleó a fondo en crear en el período 1982-1996. El objeto de este blog no es convencer a nadie de la bondades del liberalismo, sino ir desmontando uno a uno los tópicos y clichés de los que se vale la pesudoideología zapateril (la palabra socialista le viene muy grande) para mantener a su electorado soliviantado, con las espadas en alto y dispuesto a movilizarse contra el posible regreso de la España negra, simbolizada en una gaviota azul sobre fondo naranja. Como este tema es un poliedro con muchas caras, me dará la oportunidad de exponer mi opinión sobre temas que no son estrictamente políticos, sino más relacionados con los usos, costumbres e ideas dominantes en nuestra sociedad (la sexualidad, la religión, la interpretación del pasado, la visión del futuro, etc.). Tengo pocas esperanzas de que las cosas vayan a cambiar en un futuro inmediato, así que la única salida viable es el exilio, pero no quiero exiliarme sin dejar constancia de mis motivos.

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